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Ni aunque te quites

Iris García Cuevas
Desasosiego. La inquietud de saberme en el lugar erróneo en el momento equivocado. El hormigueo canijo que recorre mi espalda y se va acumulando en los omóplatos. El deseo de sacar la pistola, que murmura infeliz en el primer cajón del escritorio, y sorrajarme un tiro en la cabeza. Respiro. Intento relajarme. Acomodo el asiento. Hago movimientos circulares con el cuello y los hombros. No basta. Me siento abochornada. Es tiempo de un descanso. Tomo mi bolsa. Salgo de mi cubículo. Permiso. El camino hacia el baño parece la antesala del infierno. Me miran. Las personas me miran. Quiero volver atrás y volver a ocultarme. Atravieso el estrecho pasillo de la agencia. Evado las miradas, las rabias, los dolores. Ignoro las preguntas, la urgencia, los reclamos. Me encierro. La mierda queda afuera. Me siento en el retrete sin ganas de orinar. Aún así escucho el chorro cayendo al excusado. Saco un cuarto de vodka de mi bolsa. Le doy un trago largo. Respiro. Lloro un poco. Ignoro …

Acerca de

Desocupado lector: En un lugar de la UAM-I de cuyo nombre realmente no me acuerdo, se dio la primera charla para fundar la revista que ahora tienes o tendrás en las manos. Páginas que ahora mismo lees en tu sillón preferido, tirado en el pastos, en tu hamaca, en el baño –como debe leerse uno de los textos que aquí encontrarás— o de camino a tu casa en el transporte o en el vagón del Metro (sin duda preferimos que lo estés leyendo en el Metro).
El objetivo de la revista es la difusión de textos inéditos de creación literaria contemporánea, como también de temas diversos y el contexto que nos rodea. Propuesta interesante para el público lector y para los autores interesados (de la UAM o ajena a ella), porque será la literatura que nosotros mismos parimos; la que cuesta más por tener que extraerla desde lo más profundo de nuestro ser como un pozo petrolero. Para demostrar que en Iztapalapa y Acapulco no sólo hay violencia, también tenemos narradores de la muerte, poetas del disparo y dram…

¡Estén pendientes!

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Pues nosotros ya estamos listos. Nuestro número 3 acaba de llegar y estamos muy emocionados y orgullosos del trabajo que hemos hecho. 
Ya pronto estará disponible para todos ustedes, nuestros fieles lectores y amigos incansables.
Esperen más noticias porque esto acaba de comenzar.

Papalotes

Diana Garrido
Ah que la juventud... ¿Que qué podría decirte sobre el amor, mijo? Yo ya estoy muy viejo pa’ hablar de estas cosas, pero bien que me acuerdo cómo conocí a tu madre. Tendría yo unos 17 años cuando la vi por primera vez. Era una niñita consentida, me acuerdo que todos hablaban de ella porque era prima de la Carito, esa chamaca que tenía fama de aflojarle a todo lo que caminara, pero esa es otra historia. Cuando tu madre llegó al barrio, se rumoraba que venía de buena cuna, que nació en el otro lado y que era hija de un señor muy "gordo", pero de buenas a primeras lo cacharon haciendo tranza y lo mataron a él y a su mujer. Pero tu madre se escapó con ayuda de su tío y pos bueno, andaba en boca de todos. Fíjate que el más vivito recuerdo que tengo de ella es de la primera vez que la vi, bien güerita y proporcionadita la muchacha, me atrapó luego luego. Ella me hizo el feo cuando le hablé: ¾Quiubo güerita, yo me llamo Tomás, y usté dígame, ¿con quién hallo el honor?¾…

La carreta de nostalgia

Luis Ricardo Palma
A mi abuela Cecilia Agustín
El viejo López avanza lento, montado sobre una pequeña carreta jalada por una vaca maciza, de altivo orgullo y de fuerza incomparable. Su oficio es comprar nostalgias. A cada paso escucha el trote de la vaca y el rechinar de la carreta. Da tumbos a cada paso, balanceándose entre el camino lleno de piedras. Antes de cruzar el primer puente, pasa al río a tomar agua y a darle de comer a la vaca el pasto fresco. Sobre las ramas de los árboles hay inmensos nidos de pájaros que alegran al pueblo con su canto de soprano. Nada parece más tranquilo que ver cómo serpentea el río sobre las rocas. El viento disgrega el polen de las flores, se dobla en las copas de los árboles y se lanza a dormir en los brazos del cielo que poco a poco abre su cortina de nubes diáfanas para que el sol alumbre con sus rayos amarillos. Después de tomar agua, el viejo López retoma el camino y alista su voz de pájaro. Es hora de marcharnos, piensa mientras echa su morral e…

Hombre malo

Joyce S. Hernández
Los pies le dolían de tanto caminar. Quería detenerse y tomarse un respiro, pero de hacerlo, estaría jugándose hasta su propia vida. Debía continuar. Un futuro mejor le esperaba tras aquellas colinas. La desesperación en los rostros de los que lo acompañaban denotaba todo lo que él mismo sentía, pero que reprimía con gran dolor y vergüenza. “Vete, hermano. La vida es mejor allá”, le aconsejó uno de sus mejores amigos, “vas a ver que ganarás puro billete verde. Chance y te consigues también una mujer para casarte. Ya con eso sacas tu Visa y puedes ir y venir cuantas veces se te antoje”. El trabajo había andado mal y la oportunidad para emigrar llegó en el momento más oportuno. Preparó todo lo necesario y lo guardó en su pequeña mochila; se despidió, con un nudo en la garganta, de su madre y sus hermanas. Ellas estaban preocupadas. Las noticias no mostraban un panorama alentador. Las redadas de la patrulla fronteriza ya habían cobrado varias vidas. Y eso no sólo calaba …